¿Es posible olvidar la lengua materna?

olvidar la lengua materna

Puede que te haya ocurrido que, después de años viviendo en el extranjero, empieces a sentir como si tu lengua materna te resultara extraña. La mayor parte de los inmigrantes que han vivido en países de acogida mucho tiempo saben perfectamente lo que es sentirse como un hablante nativo algo oxidado. En un principio podría parecer algo normal que, tras muchos años sin usarla de manera habitual en nuestro día a día, empecemos a olvidar algunas cosas. Sin embargo, debes saber que el proceso no es tan sencillo.

La ciencia de cuándo, por qué y cómo vamos perdiendo nuestra lengua materna es bastante compleja. La cantidad de tiempo que hemos estado fuera no siempre influye. Pero además, socializar con otros hablantes nativos en el extranjero puede hacer que nuestras habilidades lingüisticas en el idioma en el que nos hemos criado empeoren. Aunque los factores emocionales son realmente el factor más importante de todos.

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Diferencias entre niños y adultos

Por otro loado, debes saber que, a largo plazo, los inmigrantes no son los únicos afectados. Hasta cierto punto, cualquier persona que está aprendiendo un segundo idioma puede empezar a olvidar su lengua materna. En el momento en el que empezamos a estudiar otra lengua, los dos sistemas comienzan a competir entre sí.

De hecho, en los niños el fenómeno de olvidar la lengua es aún mayor porque sus cerebros son más flexibles y adaptables. Se han dado muchos casos de niños que han sido adoptados y se han ido a vivir a otros países y que, incluso, teniendo ya 9 años han llegado a olvidar por completo su lengua materna al ser sacados de su país de nacimiento. En el caso de los adultos es mucho menos probable que el primer idioma desaparezca por completo.

Fuertes traumas

No obstante, el olvido del idioma materno también puede deberse a un gran trauma. Por ejemplo, los judíos refugiados de la II Guerra Mundial en Estados Unidos y Reino Unido sufrieron un gran trauma por haber sido víctimas de la persecución nazi. Aquellas personas que abandonaron Alemania en lor pimeros días del régimen de Hitler, antes de que se produjera el genocidio, tendían a hablar mejor alemán aunque llevaran más tiempo fuera, mientras que aquellos que dejaron el país después de las matanzas, solían hablar alemán con dificultad o, incluso, lo habían olvidado por completo. Y es que, aunque el alemán era el idioma de su infancia y de su hogar, también lo era de recuerdos dolorosos, por lo que aquellos refugiados más traumatizados lo reprimieron.

Capacidad innata para preservar la lengua nativa

Eso sí, esta pérdida tan drástica del idioma no es más que una excepción. En la mayor parte de los inmigrantes que se marchan a vivir a otro país, ambas lenguas coexisten más o menos. En estos casos, el primer idioma se conserva mejor o peor en función del talento innato de la persona. Aquellas personas que, por lo general, son buenas en los idiomas tienen a preservar mejor el idioma nativo, sin importar el tiempo que lleven fuera de su país. Y lo mismo ocurre con la fluidez nativa, muy relacionada con la manera en la que manejamos los distintos idiomas en nuestro cerebro.

La diferencia real entre hablar una o dos lenguas es que el crebro debre añadir un tipo de módulo de control que le permita cambiar de uno a otro. Si este mecanismo de control es débil, la persona puede tener dificultades para encontrar la palabra adecuada o seguir defendiéndose en su segunda lengua.

Socializar con hablantes extranjeros

Pasar mucho tiempo con hablantes de la misma lengua materna que tú puede empeorar las cosas, ya que se sabe que ambos serán entendidos. En muchos casos lo que surge es un híbrido lingüistico. Por ejemplo, en Londres, una de las ciudades más multilingües del planeta, este tipo de híbrido es tan común que casi se ha convertido en un dialecto urbano. Eso sí, cambiar no es lo mismo que olvidar. Es cierto que, con el tiempo, este intercambio informal entre ambos idiomas al mismo tiempo, puede dificultar que el cerebro permanezca en un único idioma cuando sea necesario. Con lo cual, lo que se produce es una espiral acelerada de cambio de lenguaje.

No obstante, esta adaptabilidad no tiene por qué ser vista como algo malo, sino como una prueba de nuestra inventiva como humanos. Es solamente un proceso natural que lleva a las personas a hacer cambios en su gramática para adaptarse a la nueva realidad. Y es que aquello que nos permite aprender idiomas también nos permite hacer cambios.

En cualqueir caso, hay que tener en cuenta que el desgaste del idioma nativo noe s algo irreversible, al menos en los adultos. Un tiempo de vuelta en el país de origen, a neustros recuerdos y a nuestro sentido de la identidad hará que la recuperemos en poco tiempo, ya que nuestra lengua está ligada a nuestra identidad más profunda.

 

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