¿Cómo están influyendo las nuevas tecnologías en los idiomas?

No cabe duda de que la creciente relación que los humanos mantenemos con las máquinas conllevará, poco a poco, una evolución del idioma que hará que la comunicación entre ambas partes sea más sencilla. Aunque parezca sorprendente, muchos animales se comunican a través de gestos y sonidos básicos como gruñidos o bufidos, e incluso por el olor. Pero nosotros vamos mucho más allá. De hecho la mayor diferencia entre los humanos y el resto de animales, radica en el hecho de que podamos comunicarnos a través de un lenguaje de símbolos, para lo cual se requiere de una mente lo suficientemente desarrollada como para entender conceptos abstractos. Un lenguaje que llevamos usando decenas de miles de años como bien reflejan las pinturas rupestres de las cuevas prehistóricas. Sin embargo, a lo largo de esos miles de años, el lenguaje ha evolucionado en muchos sentidos. En la actualidad, podemos ver incluso como entre diferentes generaciones el uso del lenguaje es diferente.

El idioma que hablamos es el producto de la evolución del latín, cambiando de diferentes formas hacia otros idiomas como el portugués, el francés y el italiano. Pero incluso dentro de estos lenguajes puede verse una evolución con respecto a hace unas décadas. Si leemos el Quijote, nos daremos cuenta de que el español que se usaba hace cuatro siglos, las palabras y las estructuras son muy distintas a las que usamos hoy en día. Muchos padres se escandalizan por la forma en que hablan sus hijos porque lo consideran como una perversión del mismo y los jóvenes lo hacen por marcar su propio estilo, por modas y por diferenciarse de sus mayores. Cuando tienen el hijos, el proceso de repite.

Sin embargo, en Salminter sabemos que es imposible evitar que el idioma cambie. Ni siquiera organismos como la RAE pueden logran encauzar una vorágine como esta. Una vez que somos conscientes de ello, es posible que nos interese conducir este cambio hacia algo que sea bueno para todos, hacia un idioma universal. A finales del siglo XIX  Zamenhof creó una de los pocos idiomas artificiales que se habían creado hasta la fecha: el esperanto. Un idioma que combinaba las características de los idiomas más hablados en el siglo XIX en los países de Occidente. El esperanto no tuvo mucho éxito, pero a mitad del siglo XX el inglés de convertiría en el idioma universal por influencia de Estados Unidos.

Pero no sólo la manera de hablar hace que un idioma cambie. Ahora también lo están haciendo los móviles. El lenguaje SMS nació en nuestro país para cubrir la necesidad de abreviar los textos para que no excedieran de los 167 caracteres que permitían las campañas de telefonía en un mensaje. Dada que esta limitación no existía en otros países, este lenguaje no ha aparecido en otros países, o al menos no lo ha hecho con tanta fuerza. No obstante, una vez que ese lenguaje se hizo común ha continuado usándose incluso aunque las limitaciones ya no existían, por lo que no era necesario abreviar las palabras.

Además, las máquinas tienen su propio lenguaje y hablan entre ellas. De hecho, el código binario no es más que un lenguaje entre máquinas y que los humanos, a excepción de algunos casos, no comprendemos.

No hace mucho, Google ha hecho público que su traductor ha sido capaz de traducir dos idiomas para los que no se le ha dado una equivalencia. Esto quiere decir que si es capaz de traducir del español al chino y del español al francés, es capaz de traducir del del chino al francés. Para ello, recurre al español. Es lo que denominamos inteligencia artificial.

Aunque puede parecer muy obvio, lo cierto es que la máquina debe tener comprensión de lo que está traduciendo. Debe saber que se trata de un símbolo y a qué corresponde cada símbolo. Lo cual es propio de los humanos. ¿Una forma más eficaz que la nuestra de comunicarse? En un contexto en el que las máquinas cuentan con su propio lenguaje y en el que cambiamos el nuestro a una velocidad de vértigo, no es descabellado pensar que en el futuro ambos tipos de lenguajes puedan llegar a converger. Es decir, un lenguaje que nos permita comunicarnos entre nosotros, pero también de una manera mucho más eficiente con las máquinas que utilizamos en nuestra vida diaria. Lo que, sin duda, supondría un gran cambio  no solamente en las relaciones humanas, sino también en lo que a comunicación se refiere.

Un lenguaje mixto que se parecerá mucho más a órdenes básicas que a estructuras complejas de comunicación. El inglés, por ejemplo, es un idiomas mucho más fácil de aprender que el francés y eso hace que podamos dominarlo más rápidamente. En este sentido, los emoticonos y los memes son un elemento mínimo que consiguen transmitir un concepto complejo. Y, al contrario que las letras,  tienen un significado en sí mismos.

Así pues, un nuevo lenguaje que conseguirá responder a la necesidad de un nuevo paradigma de relación con las máquinas y que supondría un antes y un después en la forma en la que nos entendemos los humanos, pero también en la evolución del mundo. Eso sí, siempre que las máquinas sean capaz de entendernos…

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